El director de la agencia estadounidense recordó el caso del agente asesinado en 1985 y afirmó que el crimen ocurrió en un contexto de corrupción de autoridades mexicanas.
El director de la Administración para el Control de Drogas
de Estados Unidos, Terry Cole, volvió a referirse al asesinato del agente
Enrique Kiki Camarena y afirmó que ocurrió en un contexto de corrupción de
autoridades mexicanas. Sus declaraciones se difundieron durante la Semana del
Listón Rojo, dedicada a la prevención del consumo de drogas.
Camarena trabajaba como agente encubierto de la DEA y fue
secuestrado el 8 de febrero de 1985 frente al consulado estadounidense en
Guadalajara. Su cuerpo fue localizado un mes después en Michoacán, en un caso
que provocó una fuerte crisis diplomática entre ambos países.
La investigación histórica vinculó el crimen con integrantes
del entonces Cártel de Guadalajara. Rafael Caro Quintero, uno de los líderes de
la organización criminal, fue procesado por el caso y actualmente permanece
bajo custodia estadounidense, mientras su defensa y la fiscalía negocian
posibles condiciones para un acuerdo de culpabilidad.
Las declaraciones recientes de Cole recuperan acusaciones
que han marcado la relación entre agencias de seguridad de ambos países durante
décadas. No obstante, los señalamientos generales sobre corrupción deben
distinguirse de las responsabilidades individuales que han sido probadas
judicialmente en el expediente.
El asesinato de Camarena se convirtió en uno de los
episodios más relevantes de la cooperación antidrogas entre México y Estados
Unidos. Tras el crimen, Washington presionó para que se detuviera a los
responsables y mantuvo durante años una recompensa por información que
condujera a la captura de Caro Quintero.
El narcotraficante fue detenido en México en 2022 y
posteriormente entregado a las autoridades estadounidenses en 2025. Su caso
sigue en los tribunales de Nueva York, donde el proceso contempla cargos
relacionados con el narcotráfico y el asesinato del agente, mientras ambas
partes exploran la posibilidad de un acuerdo.
Las palabras del director de la DEA reabren un capítulo
histórico que sigue teniendo implicaciones en el debate sobre seguridad y
cooperación bilateral. Las acusaciones de corrupción formuladas por la agencia
forman parte de su postura institucional y no deben confundirse con una
conclusión nueva sobre la responsabilidad de cada funcionario mexicano.